|
cuáles son sus estrategias
posibles?, estas son algunas de las preguntas sobre las que se
pretende reflexionar en este trabajo.
Parece que los analistas de los procesos de transición
política están de acuerdo en que en la etapa de
cuestionamiento y ruptura del ancien régime, las diversas
organizaciones que pueden identificarse con el concepto de
sociedad civil juegan un papel crucial, pero una vez llegada
la etapa del rediseño del régimen su presencia tiende a ser
eclipsada por los actores especializados de la política. No en
balde hace algunos años A. Arato –uno de los principales
impulsores del concepto de sociedad civil- se quejaba del
olvido que este término –y el relegamiento de los actores
sociales por él identificados- han tenido en los países de
Europa del este, una vez terminados los procesos de superación
de los autoritarismos:
“se produce un desplazamiento de la acción hacia las élites
políticas, las contraelites o los partidos políticos. Sólo
ellos están capacitados para llevar a cabo las estratégicas
misiones de negociación y diseño de pactos con los antiguos
detentadores del poder”, añade más adelante en referencia a
los planteamientos políticos en los países esteuropeos “Todos
estos discursos tienen en común que desplazan el discurso y
política de la sociedad civil... incluso en los intelectuales
con planteamientos socioliberales la utilización de la
categoría sociedad civil es esporádica y determinada por
consideraciones tácticas.” (Arato)
Frente a lo anterior cobra sentido preguntarse por el papel
que en el futuro próximo puedan tener las OC’S en la nueva
situación política del país y esta interrogante requiere a la
vez de otra: ¿ha concluido ya la transición en México?. Me
referiré primero a esta segunda para sobre esa base intentar
responder a la interrogante fundamental sobre el futuro de las
OC’s.
Antes de continuar una aclaración. Comparto la idea de que el
concepto de sociedad civil es de mayor complejidad que la sola
denominación de un conjunto de formas de agregación social y
de sus conductas políticas, como este no es el espacio para
discutirlo, pero tampoco para confundirlo prefiero utilizar el
término de organizaciones civiles (OC’S). Teniendo a la vez en
cuenta que el contemporáneo concepto de Sociedad Civil
incorpora tanto movimientos como organizaciones haré
referencia básica a las segundas, las que defino de la
siguiente manera:
La organización libre, en este sentido voluntaria, de
ciudadanos, que a partir de la identificación sobre campos
específicos de la vida social realizan acciones tendentes al
bienestar colectivo, para lo cual pretenden influir en las
decisiones públicas y en su normatividad. Son agrupamientos
estables, organizados, con una estructura de relaciones, con
reglas de funcionamiento, con objetivos relativamente
estables, que tienden a profesionalizar las acciones que
realizan y que, en la mayoría de los casos, cuentan con
personalidad jurídica.
1.- En dónde está la transición?
Ahora y probablemente en los próximos años, se seguirá
discutiendo sobre si ya ha concluido la transición a la
democracia en México, frente a esta interrogante hay diversos
tipos de respuesta, algunas de ellas son:
a) Que la transición a la democracia ya concluyó. Quienes
sostienen este punto de vista parten en lo conceptual de que
lo básico de la democracia es la realización de elecciones
periódicas, con respeto al voto y alternancia entre los
partidos políticos; en lo estratégico esta posición parte de
considerar como objetivo principal “la derrota del partido de
Estado”. Consideran que ambas cosas se habrían alcanzado el 2
de julio del 2000 y que por tanto habría culminado la
transición a la democracia en México.
b) Que la transición, tal y como fue definida, ya se alcanzó y
lo que queda pendiente es la implantación de los
comportamientos democráticos en los diversos ámbitos del
gobierno y de la sociedad; es por ello que la tarea futura de
las fuerzas democratizadores sería actuar básicamente al nivel
de la cultura política.
c) Que la transición a la democracia no ha concluido, sino
avanzado en una de sus etapas, que ha ocurrido un cambio de
partido en el gobierno pero no de régimen político, toda vez
que se mantienen las instituciones, la legislación y en muchos
casos las prácticas del Estado autoritario, por lo que resulta
necesario continuar con el proceso de democratización, que
tiene como principal tarea la Reforma del Estado.
Las anteriores posiciones son todas ellas de relevancia, sin
embargo no es el punto sobre el que pretendo reflexionar,
quiero añadir otro elemento. Las anteriores posiciones se
ubican todas ellas en el nivel normativo, creo que sería
importante introducir un elemento de carácter sociológico. Con
relativa independencia de la veracidad de cualquiera de las
posiciones anteriores surge otra interrogante: ¿podrán los
gobiernos surgidos de la alternancia avanzar hacia un régimen
democrático sin dar respuesta a los serios problemas
socieconómicos que erosionaron al sistema autoritario?. Creo
que se podrá estar de acuerdo en que la pérdida del dinamismo
del crecimiento económico del país, los costos sociales
resultantes de las políticas de ajuste al mercado, de la
concentración del ingreso y de la ampliación de la pobreza
fueron factores de importancia que contribuyeron al desgaste
político del partido anteriormente gobernante, ¿podrá
sobrevivir la naciente democracia sin dar respuesta a estos
conflictos?
Me parece que algunos responderían afirmativamente
argumentando que la cultura política democrática sabe
distinguir entre régimen y gobernantes y que por tanto las
elecciones son el castigo a las ineficacias de los segundos
sin tener por ello que cuestionar al régimen político,
sostienen que para esta cultura política esta claro que: “la
democracia soluciona la tiranía, no los demás problemas.” (Huntigton)
Para quienes respondan negativamente al cuestionamiento
señalado argumentarán que para que una democracia sobreviva,
para hacerla sustentable se requiere no sólo de derechos
políticos, sino económicos y sociales, de condiciones básicas
para el ejercicio de la ciudadanía, fundamento de la
existencia de un régimen democrático y cuyo criterio de
eficacia es: que los diferentes actores sociales estén
dispuestos a dirimir sus intereses contrapuestos a través de
los canales políticos institucionalizados (Prezeworski). Lo
cual requiere de la creación de instituciones a través de las
cuales se puedan manifestar las demandas, procesar los
conflictos y tomar decisiones con un mayor margen de
legitimidad. Aquí es donde encuentro la tarea básica de toda
sociedad civil en sus diversos momentos históricos: instituir
la vida pública: ampliar los derechos de ciudadanía e impulsar
la creación de instituciones para procesar los intereses
conflictivos.
La concreción de lo anterior me lleva a plantear otra
interrogante: ¿cuáles son las condiciones que permitirán
mantener el impulso innovador de los agentes de cambio hasta
llegar a un reordenamiento institucional?
De otra manera, para la estabilidad de un nuevo régimen
político la efectividad del sufragio será necesaria pero no
suficiente, además de ello se requerirá de instituciones
públicas en las que se pueda discutir sobre la orientación de
la economía y del desarrollo social, toda vez que las viejas
–pero aún vigentes- instituciones socioeconómicas fueron
diseñadas más para controlar que para participar, como son un
ejemplo claro las instituciones reguladoras de las relaciones
laborales.
Me parece que en esta tensión transcurrirá la estructuración
de un nuevo régimen político, entre aquellos que supondrán que
basta con la habilitación formal del régimen, asegurando los
mecanismos para el ejercicio del sufragio por un lado y, por
otro, aquellos que supondrán que se requiere que las
instituciones den respuesta a las expectativas de condiciones
mínimas de vida digna para toda la población. La reducción a
cada una de las posiciones será la ocasión del conflicto, la
posibilidad de tener una democracia sustentable requerirá de
la construcción de puentes entre ambas posiciones.
Este es a la vez el principal dilema que me parece atraviesa y
tensiona el diseño de estrategias en las OC’S y que se
convierte en la “piedra de toque” para su ubicación y
posicionamiento en el actual proceso que experimenta la
transición de la sociedad mexicana.
2.- En dónde se encuentran las OC’S?
No sólo el régimen político se encuentra en transición, las
propias OC’S han experimentado acelerados cambios, hace un
lustro pretendí hacer la caracterización de los principales
movimientos ocurridos en la década del noventa respecto al 70
, ahora en el nuevo siglo una nueva caracterización sería
necesaria, a partir de constatar algunos desplazamientos, no
sin antes advertir que tampoco se les puede considerar a estas
organizaciones como algo homogéneo, por lo contrario,
presentan diferencias significativas en cuanto a referentes de
su identidad, actividades que desarrollan, relación con la
política y con grupos sociales, sobre ello regresaré más
adelante, los desplazamientos que propongo los sugiero como
tendencias generales, necesarias todas ellas, pero que tal vez
una visión lineal de las mismas podría generar un
trastocamiento en el cual los medios amenazan con convertirse
en fines, no las considero como negativas ni positivas por sí
mismas, sino como riesgos y oportunidades:
a) de la militancia al énfasis en lo profesional. Si bien el
hallazgo de los noventa fue que las OC’S además de espacios de
militancia podían ser espacios de profesionalización, el
necesario énfasis en ello trajo como efecto adverso el
desdibujamiento del sentido de la militancia, muchas veces
impulsada la tendencia hacia la profesionalización por las
propias agencias de cooperación o por los gobiernos que
pretendían interactuar con las OC’S, paulatinamente la
necesaria reflexión sobre lo profesional fue desplazando a la
reflexión sobre el “proyecto” social y político que confería
sentido a la práctica de quienes participan en las OC’S, lo
que llevó al desplazamiento de la identidad militante por una
identidad centrada más en la profesión, autorreferida; sin
lugar a duda que una síntesis entre ambas concepciones es
ahora necesario, por supuesto que no se sugiere renunciar a lo
técnico ni a lo profesional, sería un contrasentido, el riesgo
está más bien en la visión unilateral que por reconocer una
ineficiencia termine desplazando a lo fundamental, no sólo en
términos éticos sino también en términos de cálculo racional,
toda vez que la ventaja comparativa de las OC’S es justamente
el estar fundamentadas en un proyecto social y político. No
está de más añadir que este no es un asunto privativo de
países en proceso de cambio político, en lugares con añejas
experiencias se presentan situaciones similares (Laville,
Bloch-Lainé) Pero este desplazamiento en la identidad dio
lugar a otro desplazamiento ...
b) De lo político a lo gerencial. Cada vez más lo político
quedó como un supuesto de la acción y cada vez menos se
reactualizó y adecuó a las nuevas situaciones, la reflexión
política vino a ser sustituida por la también necesaria
reflexión sobre lo institucional, aunque frecuentemente esta
reflexión se circunscribió a la apropiación, en muchos casos
acrítica, de las técnicas desarrolladas para la gerencia
empresarial. No se trata por supuesto de un rechazo a todo
aquello que contribuya a hacer más eficiente el desempeño de
las OC’S, por lo contrario, el reto es valorar su dimensión
institucional, pero sin olvidar que la base del capital social
y simbólico que han logrado acumular, particularmente en las
décadas de los ochenta y noventa en México, radica justamente
en su capacidad de convocar y movilizar a lo no
institucionalizado, no se trata de volver a la contradicción
entre institución y movimiento sino de descubrir los puentes
que se requieren entre ambos para modificar el ámbito público.
c) De la influencia en políticas a la búsqueda de recursos
públicos. La puesta al día en los noventa de la vocación
política de las OC’S se tradujo en la pretensión de influir en
las políticas públicas, no sólo en su implementación, sino
también en su diseño y evaluación, hace ya varios años un
conjunto de organizaciones lo expresaba así: “Consideramos que
debe de quedar atrás la idea y el hecho de que los sectores no
gubernamentales sólo participen en la ejecución de las
políticas públicas, dejando que el gobierno sea quien decida
todo el proceso de las mismas. Creemos que las organizaciones
civiles, por su experiencia y profesionalismo, tienen mucho
que aportar en la agenda, diseño, ejecución y evaluación de
las políticas públicas.” (Red de Redes). Sin embargo en
algunos casos esta búsqueda se quedó a mitad de camino,
conformándose con la obtención de recursos a cambio de los
servicios profesionales, permaneciendo las OC’S como meras
ejecutoras de los programas y proyectos gubernamentales,
generándose tendencialmente una sustitución del afán de
influir en las decisiones por el de buscar espacios en los
presupuestos. En esta medida se generó otro desplazamiento.
d) De la transformación social al impacto social. De una u
otra forma la acción de las OC’S ha estado orientada hacia lo
popular, sea en términos de solidaridad o de “acumulación de
fuerzas”, su conversión en organismos ejecutores propició la
sustitución del referente pueblo, y de su consecuencia
política, al de grupo meta como destinatario de una acción
especializada. No se trata entonces de la transformación del
orden social (cualquiera que fuera el sentido que esto tenía
aún en los noventa) se trata de generar determinadas
transformaciones, previstas y controladas, sobre un grupo
social específico definido técnica y no políticamente.
Podríamos decir en síntesis.
e) Del énfasis técnico al desdibujamiento del proyecto. Si el
gran avance de los noventa con respecto de la identidad de las
OC’S fue el salto de la explicitación ética a la construcción
de sus mediaciones técnicas, esta búsqueda acabó por subsumir
el proyecto quedando como una sola referencia identitaria sin
consecuencias estratégicas.
Desde luego que esta es una rápida caracterización que de
ninguna manera generalizo, sólo trato si cabe la expresión, de
describir riesgos, me sirve para exagerar la fisonomía de lo
que hoy está siendo el transito de las OC’S y que se
convierten en verdaderos desafíos para su intervención en la
esfera pública en la que se exprese una Sociedad Civil
instituyente. Veamos finalmente qué es lo que podría resultar
de combinar la reflexión sobre el proceso de transición del
régimen político por un lado y de las OC’S por otro.
3.- Cuáles son las posibles estrategias de las OC’S?
Creo que hay tres distintas posiciones en las respuestas que
se puedan dar a esta interrogantes:
Posición I. Una vez alcanzada la transición política –lo que
para esta posición sería inegable- a las OC’S les toca
ocuparse, de manera profesional, de los temas del ámbito
público que les son propios -toda vez que supletoriamente se
ocuparon de asuntos de corte político- la atención a los
grupos desfavorecidos (discapacitados, 3ª edad, minorías
étnicas), iniciativas locales, procesos participativos de
micronivel, en fin, todos aquellos asuntos que Guiddens llamó
“la política pequeña”, que suelen identificarse con conceptos
tales como filantropía, voluntariado, asistencia y
diferenciarse de aquellas otras decisiones que tienen que ver
con asuntos de mayor importancia, reservados a gobierno,
partidos y grandes organizaciones sociales. Se trata entonces
de definir su identidad en un ámbito distinto del político,
ocupándose de manera profesionalizada de temas específicos
dirigidos hacia una población acotada que no puede alcanzar
sus satisfactores por sí misma.
Posición II. Una vez alcanzada la alternancia las OC’s pueden
influir directamente sobre el gobierno. Esta segunda posición
parte del supuesto de que las OC’S se encuentran ahora mejor
posicionadas políticamente y en condiciones para influir en la
vida pública del país toda vez que sus esfuerzos en la
construcción de la democracia tuvieron, entre otros
resultados, la ubicación de algunos de sus miembros en el
aparato gubernamental. Fenómeno que no es nuevo en México, en
el pasado gobierno del DF, con Cárdenas, así como en algunos
gobiernos locales, diversos miembros de OC’S fueron invitados
a incorporarse al funcionariado, ahora se extiende al orden
federal de gobierno. Tampoco es un fenómeno nuevo en América
Latina, las experiencias chilena y dominicana, son bastante
ilustrativas para nuestro país. En esos casos ocurrió que los
dirigentes de OC’S se incorporaron al gobierno, con lo que
tuvieron la capacidad de llevar las experiencias que habían
obtenido en el ámbito civil, pero no les fue posible
transformar las prácticas del aparato gubernamental; la
contrapartida fue una disminución de la capacidad organizativa
de las OC’S, junto con la disminución al apoyo de las demandas
sociales, bajo el argumento que deberían ser pospuestas hasta
la consolidación de la retornante democracia y, finalmente, la
subordinación a los programas y políticas diseñados
gubernamentalmente, a los cuales las OC’S fueron adaptándose
hasta ser identificadas en los ámbitos gubernamentales como
organismos técnicos ejecutores.
Posición III. Parte del supuesto que a las OC’S les
corresponde ser contrapeso del poder institucionalizado,
impulsoras de la innovación social y política y promotoras de
la ampliación de los derechos ciudadanos, en función de lo
cual pretenden influir en las políticas públicas, para ello se
requieren dos destrezas básicas: la capacidad de argumentación
y de movilización social en torno de demandas generalizables,
lo que requiere a su vez de contar con una estrategia propia,
con una capacidad de alianza con diversos sectores y con un
discurso específico de cara a las demandas sociales, esto es:
la actuación simultánea en el campo de la comunicación y de la
estrategia.
Pasemos ahora a analizar cuáles son las condiciones que
estarían a la base de la factibilidad de estas alternativas,
lo que supone que el resultado que se obtenga no será sólo
producto de la voluntad de los actores participantes, sino de
la combinación compleja de diversos factores, algunos de los
principales son: a) La relación de las OC’s con los gobiernos;
b) La relación con las organizaciones sociales; c) La relación
con la cooperación internacional. Por razones de acotamiento
temático me referiré con mayor amplitud a la primera relación,
advirtiendo que es necesaria pero no suficiente para
comprender los alcances de las estrategias de las OC’s.
Propondré ahora un intento de lectura sintética del contexto
en el cual se desempeñan estos actores para enseguida
vincularlo a las posibilidades que tendría cada una de estas
tres posiciones.
3.1.- El Contexto
No estaba errado Vargas Llosa cuando calificó al régimen
mexicano como una “dictadura perfecta”. La longevidad de este
régimen político –que no acaba de morir ni de transformarse-
se debe tal vez a algunas peculiaridades que lo diferencian de
otros autoritarismos:
- El haberse sustentado sobre un crecimiento económico
sostenido hasta 1982, interrumpido por las políticas de ajuste
entre 1983 – 1988, pero retomado artificialmente por la venta
de los activos paraestatales entre 89 y 93. El resultado fue
que el partido en el poder no pudo sobrevivir al retorno del
estancamiento en el período 1994 – 2000, lo que nos fuerza a
preguntarnos ¿podrá el nuevo gobierno afianzarse sin recuperar
el crecimiento de la economía?.
- El mantenerse sobre una coalición de intereses que agrupó
corporativamente a las direcciones de las principales
organizaciones de los diversos sectores sociales, coalición
que se fue desgastando por el costo político de las
estrategias de ajuste económico y que al parecer se fracturó
con la derrota electoral del PRI. No parece claro que el nuevo
gobierno sea capaz de recomponerla ni de reemplazarla por una
eficiente democracia de ciudadanos, la cultura política de
ningún país cambia tan rápidamente, máxime cuando el partido
del ancien regime tiene la posibilidad de retomar la ofensiva
y convertirse en una opción real de gobierno en el 2006.
- Crecimiento económico, coalición de intereses diversos,
dieron lugar a un autoritarismo que en su caída electoral no
deja tras de sí una cauda de resentimiento social. El 2 de
julio no fue el equivalente del atentado a Carrero Blanco (que
fue la señal del inicio de la inminente caída del franquismo),
ni de la noche del triunfo del “No” en el referéndum chileno
que inició el fin de la dictadura militar. El 2 de julio en
México fue la celebración de un segmento de la población que,
ante la escacez de canales de ascenso político fuera del PRI,
cifraba sus expectativas en la “derrota del partido de
Estado”.
De lo anterior podemos extraer dos consecuencias: una, que el
desmontaje y sustitución del “antiguo régimen” aparecen no
sólo como un proceso que tendrá particulares dificultades,
incluida la tentación de los innovadores de utilizar en vez de
sustituir la sofisticada maquinaria construida a lo largo de
décadas, otra, que si las OC’s no tienen en cuenta que las
posibilidades de cada actor de la sociedad están condicionadas
por el régimen político en el que se desempeñan, pueden
terminar en una marginalidad aún mayor de la que iniciaron.
Trataré de analizar como se han dado las transformaciones de
esta relación.
3.2.- La Trayectoria de la Relación Gobierno – OC’s
Al inicio, en las décadas de desconfianza mutua entre gobierno
y OC’s –y también de mayor solidez del régimen- estas eran
vistas como desestabilizadoras o como instrumentos de agentes
internacionales. El crecimiento de la crítica social al
régimen político, en lo que las OC’s tuvieron un papel
importante, las fue convirtiendo de interlocutoras de la
sociedad a interlocutoras del gobierno; un breve repaso de la
historia reciente de esta interlocución ayudará a plantear los
dilemas que actualmente presenta:
• A inicios del 95, como producto de la pretensión de algunas
redes de OC’s de influir en las políticas públicas se conformó
la Red de Redes, que elaboró una propuesta de cara a la
consulta para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo
(cuyos planteamientos más generales fueron incluidos) y que
generó algunos espacios de diálogo con funcionarios y con
aspirantes de diversos partidos a puestos de representación
política.
• A mediados del mismo año se conformó el Encuentro Nacional
de Organizaciones Ciudadanas, producto del acercamiento entre
las redes de OC’s y militantes que de una u otra manera habían
sido desplazados de sus partidos políticos. Este Encuentro se
debatió permanentemente entre la construcción de una
articulación civil amplia por un lado y la construcción de
canales de ascenso político por fuera de los partidos por
otro, terminó cuando ambas posiciones se reconocieron como
incompatibles.
• La Plataforma de Organizaciones Civiles de la Ciudad de
México (1997 – 2000). Que tal vez por ser una experiencia
local logró mayores niveles de concretización en las
relaciones con el Gobierno del Distrito Federal, generando
mecanismos institucionalizados de relación que fueron producto
de una discusión pública en un Foro de Corresponsabilidad;
este proceso permitió entre otros avances que las OC’s
participaran de la elaboración de dos leyes para el DF (La de
Fomento a las OC’s y la de Desarrollo Social).
• Poder Ciudadano. En torno del proceso electoral del 2000 un
conjunto de dirigentes de OC’s impulsaron la creación de un
encuentro amplio entre OC’s que elaboró un conjunto de
demandas denominado “Agenda de la Sociedad Civil”,
comprometiendo con su firma a los entonces candidatos a la
presidencia de la República. Este proceso se vio interrumpido
con la incorporación de la mayoría de sus dirigentes como
funcionarios de los gobiernos federal y de la Ciudad de
México.
Este breve recuento me permite plantear lo que considero el
principal dilema de las OC’s en la actual transición, como
vemos la relación con el gobierno va del enfrentamiento a la
incorporación de algunos de sus dirigentes como funcionarios,
del diálogo a la institucionalización de sus mecanismos de
relación, en síntesis el dilema para la orientación de la
actuación política de las OC’s parece estar planteado entre
convertirse predominantemente en canales de ascenso político o
instrumentos para instituir nuevas formas de relación entre el
gobierno y la sociedad.
3.3 Las Tendencias Actuales
A continuación intentaré un breve análisis de las tendencias
que se pueden presentar en cada uno de estos interlocutores
fundamentales. En el momento actual los gobiernos surgidos de
procesos de alternancia (sean federales o locales), requieren
desarrollar los sustitutos de los mecanismos de intermediación
con la sociedad que a lo largo de siete décadas consolidó el
partido anteriormente gobernante, por ello abren sus puertas y
sus escritorios a algunos dirigentes de OC’s, los que si bien
están por sus capacidades no pueden perder de vista que ocupan
esas posiciones en tanto que se los partidos gobernantes les
asignan un papel de “representantes” del capital simbólico
acumulado por las OC’s, el que es juzgado como necesario para
la implementación de los programas de desarrollo social,
género, medio ambiente, entre otros.
Por su parte las OC’s si quieren jugar en la política pero con
una estrategia propia, tendrán que desarrollar mayores
capacidades de negociación y ello pasa, teniendo en cuenta las
experiencias en diversos procesos, por la relación que logren
desarrollar con las organizaciones sociales . Estas relaciones
han existido desde la década de los sesenta, sin embargo han
estado acotadas a espacios locales y a temas segmentados de
las demandas sociales, esto no tanto por la falta de visión de
unas y otras (organizaciones sociales y organizaciones
civiles), sino como consecuencia del régimen político
prevaleciente. No ha habido en el México contemporáneo espacio
para sólidas organizaciones sociales de oposición, ésta se
daba sólo en los márgenes del sistema monopolizado por las
fuertes organizaciones corporativas.
La escasa tradición de movilización social propició que los
vínculos entre organizaciones civiles y movimientos sociales
amplios fueran poco significativos en un período que va de los
sesenta a parte de los ochenta. Sin embargo, como muchas otras
cosas, esto fue cambiando en la política mexicana en las
décadas de los ochenta y noventa. Los sismos del 85 fueron
ocasión para un nuevo acercamiento, no exento de
contradicciones, entre OC’s y movimientos urbano – populares.
En 1994, con ocasión del levantamiento zapatista, la primera
voz de alto al uso de la fuerza y de llamado al diálogo vino
de las OC’s. Asimismo en estas décadas la promoción de
alternativas productivas desarrolló vínculos entre OC’s y
movimientos sociales. No sería imposible que en el futuro
próximo la combinación de debilitamiento de las organizaciones
corporativas, el descontento social ante la falta de
cumplimiento de las expectativas generadas con el cambio de
gobierno y la persistencia de los problemas socioeconómicos,
conduzcan a formas de movilización y acción social en las que
las OC’s sean llamadas a jugar un papel de carácter más
técnico que dé lugar a la reformulación de sus vínculos con
las organizaciones sociales y que por esta vía les permita un
nuevo posicionamiento ante la opinión pública y el gobierno.
Difícilmente podrían pensarse que la sola relación con el
gobierno a través de la incorporación de algunos dirigentes de
OC’s podría dar lugar al reposicionamiento político de las
segundas, toda vez que si las OC’s no renuevan su capacidad de
interpelación social –agotada ya la capacidad movilizadora de
la demanda de alternancia y de fin del “partido de Estado”-
difícilmente podrían en el futuro generar los rendimientos
políticos esperados, sobre todo el de mantener el impulso
innovador que lleve al rediseño del régimen político. Como
ejemplo se podría citar el estudio de Alianza Cívica hecho por
uno de sus propios dirigentes que señala:
“El caso de Alianza Cívica demuestra así los alcances y
limitaciones de los movimientos prodemocráticos. En coyunturas
decisivas de la transición democrática son muy importantes
para impulsar elementos definitorios tales como elecciones
fundacionales... Sin embargo por sí mismos carecen de poder
suficiente para obligar al sistema político a cambiar y su
capacidad de propuesta en términos legales e institucionales
es moderada.” (Olvera: 57)
Con los antecedentes anteriores retomaré las tres posiciones
señaladas al inicio para sugerir algunos elementos de
ponderación de sus posibilidades, para no tener que repetir le
pido al amable lector repasar lo señalado al inicio del
presente apartado 3 de este trabajo.
Posición I.- Para algunos la posibilidad de definir la
identidad de las OC’s en un ámbito distinto del político es
una posición razonable, para otros conduce a la
despolitización de las OC’S y a la renuncia a alcanzar otro
tipo de demandas, como la influencia en las decisiones
públicas en aquellos temas que les conciernen por estar
directamente involucrados, lo que contemporáneamente se
denomina “democracia sectorial”. Las acciones hasta ahora
anunciadas por el gobierno federal en relación a las OC’S
parecen dirigirse en el sentido de esta primera posición,
mucho más cercana al modelo anglosajón, identificable con el
concepto de Tercer Sector. Podría decirse que este sector de
organizaciones, más que asumir una estrategia política, son
concientes del peso económico y hasta político que les dan sus
vínculos con las élites, las que de alguna manera están
presentes en las actividades de estas organizaciones, sea en
sus consejos directivos, como proveedores o procuradores de
recursos, o en el trabajo voluntario en la prestación directa
de servicios (Salamon y Anheir, 1997), a partir de ello sus
aspiraciones en relación a lo gubernamental irían más bien en
cuanto a la apertura de oportunidades, vía la canalización del
presupuesto hacia ciertas áreas de interés compartido, de
obtención de contratos o consultorías con el gobierno. Podemos
decir que en las actuales condiciones estas se encuentran
potencialmente posicionadas. Si bien para desarrollar sus
potencialidades tendrán que superar tres restricciones al
menos: i) el desarrollo de sus capacidades técnicas, inhibidas
por un cierto ensimismamiento de estas organizaciones y su
escaso diálogo con otros actores (academia, organizaciones
sociales); ii) mecanismos eficaces de financiamiento, no
obstante su cercanía con las élites, la ausencia de una
cultura de la donación entre la empresa establecida en México
(no sólo la nacional) hacen necesario revisar este asunto.
Posición II.- El proceso de acumulación de fuerzas civiles que
llevó a algunos de sus dirigentes a incorporarse a los
distintos órdenes de gobierno difícilmente podrá reeditarse en
el futuro previsible, toda vez que, como había señalado
anteriormente, parece tener la función de constituir a estos
dirigentes como “representantes” del capital simbólico
acumulado por las OC’s, capital que seguramente comparte ya el
agotamiento del discurso centrado en la alternancia política.
No pretendo derivar de estas observaciones una oposición
necesaria entre fortaleza de las OC’S y participación en el
gobierno de personas salidas de sus filas, mucho menos la
descalificación e inculpación quienes han decidido continuar
su actuación política en el ámbito gubernamental (lo que más
bien demuestra que las OC’S pueden funcionar como canal de
movilidad política), ni desconocer que estas presencias abren
oportunidades de colaboración. Sí pretendo abordar los
desafíos que esta situación plantea, lo que pueden ir desde:
a) el desarrollo de relaciones clientelares (intercambio de
prebendas por fidelidad) entre algunas OC’S y algunos
funcionarios salidos de sus filas; o, b) asumir una visión que
ubique la eficacia en la influencia sobre las políticas
públicas sólo en las decisiones de los funcionarios, sin tener
en cuenta las restricciones que enfrentarán de las que tal vez
la principal sea la falta de adscripción a una corriente
político – burocrática, del apoyo de un partido político
significativo o de grupos de interés poderosos, la apuesta a
esta opción podría conducir al retraso en el desarrollo de
estrategias propias de influencia; hasta c) el desdibujamiento
de su identidad como Sociedad Civil y su semejanza a entes
parapartidarios, ya desafortunadamente prefigurada en la
intención política expresada en la creación de la figura de
APN y afortunadamente superada por el tiempo. Me parece que de
no tener en cuenta estos riesgos es muy probable que un sector
de las OC’S pudiera quedar atrapada entre los despliegues de
fuerza de los actores partidario – gubernamentales al intentar
forzar representaciones “únicas” de las OC’s, como está
ocurriendo con el autodenominado Consejo de la Sociedad Civil
.
Posición III.- Como contrapeso del poder las OC’S requieren
mantener su autonomía y su capacidad crítica, las que les han
permitido jugar un papel innovador, mantener y acrecentar su
capital político y simbólico. La ampliación de los derechos
ciudadanos reclama una continua presión sobre las
instituciones a la vez que una sólida estrategia para poder
influir sobre espacios y agentes públicos. La influencia sobre
políticas requiere tener claro que no basta con tener firmada
una agenda de temas, sino que la discusión con gobierno y
otros actores debe alcanzar también al diseño y a la ejecución
de las políticas, para lo que la experiencia de las OC’S en
desarrollo social a micronivel es un recurso valioso pero no
inmediatamente generalizable al macronivel; así como tener
suficientemente claro que las maquinarias de gobierno
funcionan de manera muy distinta de las pequeñas
organizaciones por lo que la colaboración entre ambas requiere
de modificaciones en la forma de operar de las OC’S. La
movilización está en función de las alianzas específicas que
logren hacer con diversos movimientos sociales, tema que en
los últimos años se ha venido posponiendo.
Como se ve esta tercera posición es la que mayores desafíos
enfrenta, entre ellos vencer la seducción, sin romper sino
aprovechando las ventajas de las posiciones I y II. Este
tendría que ser el debate inmediato entre las OC’S si es que
aspiran a tener un papel de importancia en la estructuración
de un nuevo régimen en el que la ampliación de los derechos
ciudadanos y con ellos de la equidad social sean los objetivos
que trasciendan a una visión política autoreferida y se
pregunten por los contenidos de las decisiones. Creo que un
planteamiento en esta perspectiva tendría que incorporar
algunos temas a su agenda de discusión tales como:
i. la participación en la política social. Cómo y en qué
espacios deliberar sobre las modificaciones posibles; cómo
incluir criterios de orientación que vayan más allá de la sola
incorporación de las OC’S como ejecutoras de proyectos;
ii. la descentralización de las atribuciones gubernamentales.
Cómo contribuir a la democratización de este proceso de tal
suerte que los instrumentos de participación ciudadana
(planeación participativa, exigencia de cuentas, iniciativa
social...) sean contrapeso real a las oligarquías locales y a
las relaciones clientelares gobiernos estaduales – municipios,
así como a la disminución de responsabilidades de la
federación.
iii. La incorporación de la pluralidad cultural y étnica en la
exigencia de derechos de ciudadanía que, más allá de las
expresiones de la intelectualidad proclive al zapatismo, es un
punto crucial en la vigencia del Estado de Derecho en las
distintas regiones del Páis.
iv. La incorporación de las reivindicaciones feministas en la
legislación, previsiblemente éste es el último punto
conflictivo por el que tendrá que culminar la secularización
del país y que tiene múltiples vertientes en lo económico y
social.
v. La solidaridad internacional con respecto de la observancia
de los derechos humanos, en sus dos dimensiones pactadas
internacionalmente: civiles y políticos y, económicos,
sociales y culturales, de tal suerte que se generen consensos
sobre el necesario equilibrio entre Soberanía y vigencia del
Estado de Derecho.
Habrá que tener en cuenta que los diversos asuntos que aquí se
señalan se ubican en el ámbito de la deliberación y acción de
grupos organizados, pero cuya implantación en las prácticas
sociales reclama, además de claridad en lo anterior, de
transformaciones profundas en la cultura política de la
sociedad para la cual la alternancia es una ocasión, de
ninguna manera una condición suficiente.
4.- A Manera de Conclusión
Los desafíos señalados seguramente que atraviesan a las tres
posiciones, creo que la capacidad de mantener el impulso
innovador en la política pasarán necesariamente por la
respuesta que se les dé. Me parece que estos aspectos en los
que previsiblemente discurrirá la innovación social y política
reclaman un diseño de nuevas estrategias que seguramente
tendrán que ubicarse en medio del Grameen Bank y ATTAC y que
serán parte de la nueva cultura política del país, aunque de
ninguna manera esto ocurrirá necesariamente, es más, los
anteriores procesos de transición hacen abrigar más dudas que
esperanzas sobre el futuro de los actores civiles, lo cual
hace por lo menos un desafío por demás apasionante, tanto su
estudio como su acompañamiento.
México, DF, noviembre de 2001
BIBLIGRAFIA CITADA
ARATO, A. “Emergencia, declive y reconstrucción del concepto
de sociedad civil. Pautas para análisis futuros.” Rev.
Isegoría, No. 13, 1996. Madrid.
BLOCH – LAINÉ, F. “Cinq paradoxes vivifiants vivifiables”, en
mismo autor: Faire Société. Les associations au coeur du
social. Syros, París, 1999.
CANTO, M. La discusión sobre la participación de las
organizaciones civiles en las políticas públicas. en REMISOC:
De lo Cívico a lo Público. Ed. CAM, México, 1998.
GUIDDENS, A. La Tercera Vía. Taurus, Madrid, 1999.
LAVILLE, J. L “Penser l’association, du projet au
fonctionnment”, en Laville, J.L y R. Sainsaulieu: Sociologie
de L’association. Desclée de Brouwer, París, 1997.
OLVERA, A. Movimientos Sociales Prodemocráticos,
Democratización y Esfera Pública en México: el caso de Alianza
Cívica. Universidad Veracruzana, México, 2001.
PRZEWORSKI, A. Et Al: Democracia Sustentable. Paidos, Buenos
Aires, 1998.
RED DE REDES. Agenda para la participación en el desarrollo
social. Una propuesta de las Organizaciones Civiles. México,
1977,s/e.
SALAMON Y ANHEIR.“Explaining the non profit sector. A cross
national analysis”. Ponencia, Segunda Conferencia
internacional ISTR, 1997, México.
VALLESPÍN, F. El futuro de la política. Taurus, 2000. Madrid
|